CINCHAR LA SOGA
ARCHIVO DE UNA SUMISIÓN (Argentina, años 90 y más acá)
Una nota inédita, escrita en los años de las ‘relaciones carnales’, resurge para interrogar el presente. La misma lógica de sujeción, distinto disfraz. Un ejercicio de memoria política y sabotaje semiótico.
LA SOGA Y EL CÍRCULO
Cuentos que quedaron atrapados en la duda de si serán una novela o no, ensayos que no encontraron espacio de publicación, o como en este caso una reflexión suelta para un insert en quién sabe qué texto. Reescribir, no solamente escribir. Poner en causa aquello que en su momento impulsó la letra.
Así es como revisando, encuentro esta reflexión con fecha supuesta por el contenido. Una reflexión en la que solo hay síntoma y diagnóstico. Un escrito que el poder de su tiempo no pudo digerir y que, por lo tanto, conserva su potencia venenosa intacta.
Exhumar este texto no es un acto de arqueología; es un exorcismo. Surge de los archivos polvorientos de los 90 para escupirle la cara a un presente que se cree original en su miseria. No obstante, su mérito no es denunciar la pobreza —eso hasta el Banco Mundial lo hace y lo hacía entonces—, sino desnudar la metafísica de la sumisión. Eso sí, hace rico este encuentro con un texto propio de hace un poco más de 25 años.
I. LA CARNALIDAD DEL PODER: LOS 90 Y EL ARTE DE LA HUMILLACIÓN NACIONAL
En los años 90, una propaganda estatal mostraba una multitud de manos anónimas tirando de una soga al unísono. El eslogan era claro: “Argentina necesita de los argentinos”. Esa imagen, pretendía ser movilizadora, pero ocultaba una orden: la de plegarse a un proyecto que profundizaba la dependencia y la entrega de soberanía.
La lectura que se hace de la propaganda estatal señala que no es un llamado, es un mandato superyoico. Es la voz del Amo que no pide, exige goce. “¡Sacrifíquense! ¡Tiren de la soga!”. Y lo enmarca en la retórica del esfuerzo nacional, que es la forma más canalla de la culpa. Es el amor fati nietzscheano, sí, pero impuesto por el FMI: “Ama tu destino de deudor, de esclavo, de animal de tracción. Ama la soga que te ahoga”.
Cita de la nota original: “Cuando soy espectadora de esta propaganda siento vergüenza ajena. Desde los detalles mínimos hasta el sentido en sus planos más profundos me parecen deplorables.”
Cita de la nota original: “En primer lugar, donde dice ‘Argentina necesita de los argentinos’, escucho: ‘este gobierno necesita sacrificarlos más’.”
El texto no se deja engañar por la pantalla:
“Si hay tantas manos tirando de una soga es porque cada vez más argentinos no tienen dónde poner las manos.”
He aquí la verdad desnuda: el sistema no produce riqueza; produce desposesión. Y luego convierte esa desposesión en el único recurso disponible: la fuerza corporal bruta. La mano que ya no puede crear, solo puede tirar. El ciudadano es reducido a pura biomecánica al servicio del capital.
Y he aquí el cinismo perfecto:
“Lo que se nos pide es que todos tenemos que tirar de la soga que nos han puesto al cuello.”
El poder no solo te explota; te hace cómplice de tu propia explotación. Te vende la ilusión de la comunidad (“todos juntos”) mientras perfecciona la máquina de tu sufrimiento individual. Es la forma más pura de la perversión política.
II. LA CIRCULACIÓN INTERRUMPIDA: CUANDO BIENES (Y PALABRAS) DEJAN DE FLUIR
El diagnóstico de la nota era tan económico como simbólico. Identificaba que el modelo no solo empobrecía, sino que aislaba:
Cita de la nota original: “Cada argentino es consciente de la necesidad del otro para la distribución de lo que hace, que es el modelo lo que ha paralizado la circulación de bienes entre los argentinos.”
Y detectaba la parálisis incluso en quienes aparentemente estaban a salvo:
Cita de la nota original: “...la perplejidad que, en todo caso, aumenta, tomando ya no los sectores marginales, sino los medianos, los intermedios, los del medio un poco para arriba…”
Esto evoca la circulación de lo simbólico teorizada por Julia Kristeva: para que haya sociedad, debe haber intercambio, pasaje, don. Al paralizar ese flujo —de bienes, de palabras, de confianza—, el modelo de los 90 no solo empobrecía los bolsillos; empobrecía el mundo simbólico. Creaba un erial donde ya no podía crecer nada común.
Frente a ese monólogo del poder, la resistencia era escuchar las frases que circulaban en voz baja: “estamos todos en la misma”. No era un gesto de derrota, sino la fundación silenciosa de una comunidad en la fractura. Era el pueblo dialogizando, usando la heteroglosia (Bajtín) para sobrevivir al relato único.
III. EL MODELO GLOBAL: UN SIGNO QUE EXTORSIONA.
En el escrito, citaba al semiólogo Göran Sonesson para argumentar que la globalización es, ante todo, un modelo —un signo que usamos para describirnos, pero que también nos constriñe:
Cita de la nota original: “El modelo, por lo tanto, es un efecto real de la vida en sociedad. Pero también es una causa eficaz en la sociedad: actuamos de cierta manera porque pensamos que vivimos en la sociedad global.”
El modelo ahora es el “ecosistema digital” o la “gobernanza algorítmica”. Actuamos como si la tecnología fuera neutral e inevitable, pero es una construcción que sirve a intereses concretos. La vieja extorsión de los grupos de poder económico se recicla en la dictadura de los datos.
IV. LA RESISTENCIA: HACER CIRCULAR DE NUEVO.
Frente a la paralización —el texto, seguramente, fue escrito antes del 2001— proponía la cultura como gesto libertario, pero libertario en serio, libertario histórico, anarquista de verdad, aclaro, porque no quiero sustraer el concepto por mal uso. No quiero dejar que me roben las palabras para que pierdan su verdadero sentido:
Cita de la nota original: “Lo que me convoca a escribir no es solamente la lectura de un diagnóstico de lo imposible, sino el gesto libertario de la cultura y su función en algún punto transformadora.”
Hoy, ese “gesto libertario” es más necesario que nunca. Frente al algoritmo que vacía de contenidos la historia y nos aísla, hay que tejer redes reales con palabras de contenido cierto. Frente a la economía que extrae, hay que crear circuitos de solidaridad, de cuidado. La tarea es restituir la circulación: de bienes, pero también de sentido, de memoria, de deseo.
CONCLUSIÓN: LA MISMA HERIDA, DISTINTA CICATRIZ
La nota termina con una imagen poderosa que une ambos tiempos:
Cita de la nota original: “No puedo dejar de sentir esa vergüenza que se me hace menos ajena, cuando el gobierno nos pide que cinchemos para el lado de las ‘relaciones carnales’, que de tan forzadas, más que carnales se me hacen ‘escatológicas’.”
Aquella “relación carnal” forzada mutó a nuestros días, en una dependencia algorítmica igualmente violenta. La vergüenza ajena aumentó y devino en rabia propia. Pero la salida sigue siendo la misma: negarse a tirar de la soga que nos ahoga. Soltarla. Y usar esa misma cuerda para atar nuevos nudos comunitarios, para tejer una red que nos sostenga en lugar de estrangularnos.
Lo que reescribo, no lo hago en el consuelo banal de quien supo dar una advertencia, sino para aprender, por fin, a soltar la maldita soga o espectro que recorre los archivos.
Es un acto de sabotaje contra el olvido impuesto. Porque gracias a ese gesto libertario del arte, vimos la trampa cuando todos celebraban el banquete.
Lo que reescribo, no es nostalgia, es usar la luz del pasado como un misil contra la estupidez del presente.



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