ESCRIBIR O NO ESCRIBIR, ESA ES LA CUESTIÓN
Una cuestión de época... Nunca hice un plan de obra para mis novelas. No porque desprecie el orden, sino porque sé que el orden que importa no es el que se traza, sino el que se encuentra. Cada novela fue para mí el gesto de enfrentarme a una primera imagen —una luz, una voz, una calle— y luego dejarme llevar por lo que esa imagen pedía. En el camino, siempre hay una pregunta que espero resolver, pero nunca la pongo en palabras: la bordeo. Y al bordearla, ella va tejiendo una respuesta tan silenciosa e inconsciente como la pregunta misma. Hoy, que cualquier ordenador puede generar un plan y hasta escribir una novela, siento la necesidad de defender ese borde: porque escribir, para mí, nunca fue rellenar un esquema. Fue, es, buscar. Paul Ricoeur, en el Prefacio de Del texto a la acción, nos recuerda que el texto no es un objeto inerte: es una acción, un gesto que se abre a la interpretación. Y esa apertura es justamente lo que el plano cancela. Porque el plano...






