LA LECCION INCÓMODA DE CLARÍN
"CUALQUIERA PUEDE SER REY, CASI NADIE UN SOLITARIO"
Leopoldo Alas Clarín 1*, escribió éste aforismo en Solos de Clarín (1881), una colección de artículos de crítica social y política. Allí desplegaba su mirada ácida sobre la España de la Restauración, denunciando las hipocresías del poder, la frivolidad de la clase política y el vacío de las ceremonias oficiales. En ese marco, la frase no era una reflexión intimista sobre la dificultad de estar solo, sino una provocación directa: qué fácil es ocupar un lugar de autoridad —cualquiera sirve para rey— y qué raro es poder habitar la soledad con entereza, sin volverla refugio aristocrático ni padecerla como castigo.
Dicho esto, debo aclarar algo: de la frase de Clarín, no me interesa tanto la soledad del ermitaño o del artista —esa soledad elegida o fértil—, y menos aún la soledad del que ejerce el poder como un padecimiento psicológico. No voy a compadecer al poderoso. Lo que me interroga de la frase es lo insolidario del poder, la forma en que el poder, para sostenerse, restringe el lazo social, lo adelgaza, lo rompe.
Hannah Arendt lo expresó con precisión en Los orígenes del totalitarismo (1951): «La soledad es el caldo de cultivo de los movimientos totalitarios; el aislamiento, su terreno preparado. La soledad, en su sentido más radical de abandono del mundo, es la base sobre la que se apoya el totalitarismo» (capítulo 12, «Ideología y terror»). Arendt no habla aquí de la tristeza del tirano, sino de un mecanismo político: el poder no aísla como un efecto secundario desafortunado. El aislamiento es su herramienta. La ruptura de los lazos no es un accidente colateral, sino la condición operativa que permite cosificar al otro. Cuando se suspende la reciprocidad, cuando ya no hay diálogo con el prójimo, el vínculo se vuelve cosa. Y cuando el vínculo se vuelve cosa, la crueldad encuentra su terreno.
LA COSIFICACIÓN DEL OTRO
Cuando el lazo se rompe, el otro se vuelve cosa. No una cosa cualquiera: un instrumento. Algo que sirve para algo. El pensador Martin Buber lo distinguió con claridad en Yo y Tú (1923): la relación Yo–Tú es de encuentro, reciprocidad, presencia; la relación Yo–Ello es de uso, experiencia, objetivación. El poder opera casi siempre en el registro del Ello. El otro es un recurso para alcanzar un fin: obediencia, producción, silencio, aplauso. Y cuando el otro ya no sirve —o se resiste— puede ser desechado. Porque las cosas no duelen cuando se rompen; se reemplazan. Buber lo formula así: «El hombre se convierte en Ello para el que lo usa, y deja de ser Tú» (Yo y Tú, trad. Carlos Díaz, capítulo 3).
LA CRUELDAD COMO CONSECUENCIA
Aquí llegamos al punto más áspero, el que Clarín no escribió pero que habita en el reverso de su frase. La crueldad no nace del odio espontáneo: nace de la incapacidad de reconocer al otro como semejante. Cuando alguien ha sido cosificado, su sufrimiento deja de ser un llamado ético y se vuelve un dato más. Arendt, nuevamente, nos da una pista en Eichmann en Jerusalén (1963): el funcionario del genocidio no era un monstruo, era un hombre ordinario que había perdido la capacidad de pensar desde el lugar del otro. «La banalidad del mal» —esa expresión que acuñó tras el juicio— no señala una falla psicológica excepcional, sino una suspensión del juicio moral que el poder burocrático y la ruptura del lazo social facilitan. La insolidaridad del poder —esa estructura que vuelve opaco el sufrimiento ajeno— produce un efecto de anestesia moral. Ya no se ve al que sufre como alguien que podría ser yo. Se ve una molestia, un obstáculo, un problema operativo. Y entonces la crueldad se vuelve administrativa, fría, burocrática. O también puede volverse gozosa: el poder que se sabe impune a veces juega con el dolor ajeno, porque el dolor confirma su dominio.
EN DEFINITIVA...
Clarín decía que casi nadie puede ser un solitario. ¿Será, tal vez, que supo vislumbrar otra forma de poder, aunque no la nombrara? El que no se ejerce sobre nadie, sino que brota entre los cuerpos cuando se juntan para actuar, para hablar, para decidir lo común. Hannah Arendt lo llamó "poder" en su sentido genuino: la capacidad humana de actuar de común acuerdo, ese "espacio de aparición" donde el vínculo no se rompe sino que se genera. Cornelius Castoriadis lo pensó como "poder instituyente": la potencia creativa de una sociedad para darse sus propias leyes, sus símbolos, su imaginario compartido. En ambos casos, el poder no es una corona ni un látigo: es una cuerda que nos ata a la libertad de los otros.
Ese poder no reina, no aísla, no cosifica. Nace de la palabra escuchada, del gesto que devuelve al otro su estatuto de sujeto, del humor que desnuda el uniforme y descubre el cuerpo asimétrico, fraterno, ridículo. Es el poder que no necesita soledad porque se alimenta del entre nosotros. Y si cualquiera puede ser rey, casi nadie quiere serlo después de haber probado ese otro poder —el que no restringe el lazo social, sino que es el lazo mismo.
Ese poder no reina, no aísla, no cosifica. Nace de la palabra escuchada, del gesto que devuelve al otro su estatuto de sujeto, del humor que desnuda el uniforme y descubre el cuerpo asimétrico, fraterno, ridículo. Es el poder que no necesita soledad porque se alimenta del entre nosotros. Y si cualquiera puede ser rey, casi nadie quiere serlo después de haber probado ese otro poder —el que no restringe el lazo social, sino que es el lazo mismo.
1* Leopoldo Alas, Clarín
Nombre de nacimiento : Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña
Nacimiento 25 de abril de 1852 Zamora (España)
Fallecimiento 13 de junio de 1901 Oviedo (España)
Sepultura Cementerio de El Salvador
Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña, conocido simplemente como Leopoldo Alas o Clarín (Zamora, 25 de abril de 1852-Oviedo, 13 de junio de 1901), fue un escritor y jurista español. Catedrático primero en la Universidad de Zaragoza y más tarde en la de Oviedo, se desempeñó como crítico literario en la prensa periódica de la época, desde donde atacó con punzantes artículos a muchos literatos contemporáneos. Su novela La Regenta (1884) está considerada la obra cumbre de la literatura española del realismo y una de las mejores novelas en castellano del siglo XIX-
En 1881 se publicó el libro Solos de Clarín, en el cual recogió los artículos de crítica literaria.
Fallecimiento 13 de junio de 1901 Oviedo (España)
Sepultura Cementerio de El Salvador
Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña, conocido simplemente como Leopoldo Alas o Clarín (Zamora, 25 de abril de 1852-Oviedo, 13 de junio de 1901), fue un escritor y jurista español. Catedrático primero en la Universidad de Zaragoza y más tarde en la de Oviedo, se desempeñó como crítico literario en la prensa periódica de la época, desde donde atacó con punzantes artículos a muchos literatos contemporáneos. Su novela La Regenta (1884) está considerada la obra cumbre de la literatura española del realismo y una de las mejores novelas en castellano del siglo XIX-
En 1881 se publicó el libro Solos de Clarín, en el cual recogió los artículos de crítica literaria.
https://es.wikipedia.org/wiki/Leopoldo_Alas,_Clar%C3%ADn


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