II DE LA DESERCIÓN DEL INSTANTE, AL TIEMPO COMPARTIDO

 


El espíritu de la esperanza

La deserción del instante no es una salida. Es una entrada: la pausa que nos devuelve a nosotros mismos es también la que nos abre al otro. Porque en ese minuto que no está en ningún registro, en ese vacío de sí en sí, algo se detiene pero también algo se prepara. La guerra, como diseño, sigue su curso; pero quienes la habitan de otro modo empiezan a tejer, sin saberlo, una trama que la guerra no puede capturar.

¿Qué hacer con el minuto robado? ¿Se queda en lo individual o se vuelve germen?

Byung-Chul Han, en El espíritu de la esperanza, da un giro inesperado. Después de años de diseccionar la sociedad del cansancio, la autoexplotación y la violencia de la positividad, emprende una "superación hacia una alentadora visión del hombre".
 
No se trata de un optimismo ingenuo, sino de un temple anímico que nos eleva por encima de lo ya dado, de lo que ya existe. 
 
Han distingue la esperanza del optimismo y del pesimismo. El optimista no necesita razonar su actitud; la esperanza, en cambio, no se da como algo obvio. Nace. Muchas veces hay que suscitarla y concitarla expresamente.

A diferencia del optimismo, falto de toda resolución, la esperanza activa se caracteriza por su entusiasmo. El optimista no arriesga nada. En cambio, quien tiene esperanza confía, se atreve a elegir a pesar de la amenazante posibilidad de la catástrofe.

El filósofo surcoreano critica así el culto a lo que él llama "la positividad": esa forma de ser en la cual el individuo está solo concentrado en su propio éxito, en mostrar siempre a los demás que tiene todo bajo control, que es exitoso, que no necesita de nadie para lograrlo.
 
La positividad aísla a las personas, las vuelve egoístas y suprime la empatía, porque a las personas ya no les interesa el sufrimiento ajeno. Cada uno se ocupa solo de sí mismo, de su felicidad, de su propio bienestar.

La esperanza, por el contrario, no le da la espalda a las negatividades de la vida. Las tiene presentes. Además, no aísla a las personas, sino que las vincula y reconcilia. Quien tiene esperanza está camino del otro. Cuando uno tiene esperanza, confía en algo que lo trasciende. En eso la esperanza se parece a la fe.

Para Han, la esperanza es una respuesta ante la pasividad, el nihilismo y la abulia que tantas veces devienen al enfrentar una situación o un mundo en crisis. También puede ser una medicina ante la parálisis y el miedo que nos causa vivir en una centuria en constante turbulencia. "La esperanza más íntima nace de la desesperación".

Cita a Václav Havel, el dramaturgo y presidente checo que resistió al totalitarismo: "Cuanto más adversa sea la situación en la que conservamos nuestra esperanza, tanto más profunda será esta. La esperanza no es optimismo. No es el convencimiento de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, al margen de cómo salga luego".

Gabriel Marcel, otro de sus interlocutores, condensa esta apertura al otro en una frase que Han convierte en eje: "Pensando en nosotros, he puesto mis esperanzas en ti". Concentra esa apertura al futuro, a las posibilidades no nacidas y a la participación en ese alumbramiento. El sujeto de la esperanza es un nosotros.

Las miradas se reencuentran cuando una enfermera vuelve al pasillo después de su minuto frente a la pared blanca. Sus pies aún duelen, pero el talón guarda la memoria de haberse separado del suelo. Al pasar junto al carro de medicamentos, se cruza con otra enfermera —la del turno noche, la que también tiene los ojos hundidos— y, sin palabras, le ofrece el paquete de galletitas de arroz. La otra toma una, mastica sin apuro. No hay tiempo para más, pero el gesto queda: un cuerpo que reconoce a otro cuerpo en la misma fatiga. Una esperanza que nace no del optimismo, sino de la fatiga compartida.

Esa noche, en la sala de descanso, alguien ha pegado en la pared una hoja con letra manuscrita: "¿Te tomaste tu minuto hoy?". Nadie sabe quién la puso. Pero varios la miran antes de salir al pasillo. Ese papel, ese gesto anónimo, es una pequeña interrupción en el engranaje. Es también una forma de la esperanza: la certeza de que ese minuto no es sólo tuyo, que puede ser preguntado, compartido, extendido. Como escribe Han: "La esperanza no aísla a las personas, sino que las vincula y reconcilia".

El conductor, después de apagar la aplicación y dejar que el parabrisas se empañe, escribe en su celular —no en la app, en el bloc de notas— un mensaje breve: "Hoy a las 3 de la mañana me detuve. Cerré la app. Tomé mate mirando la nada. Lo necesitaba. ¿Y vos?". Lo publica en un grupo de conductores que comparten rutas y quejas. A la mañana siguiente, cuando vuelve a conectar el auto, ve diecisiete respuestas. Algunas son solo un pulgar arriba. Otras cuentan su propio minuto: un termo compartido en la parada de taxis, la radio apagada durante un viaje, la ventanilla baja para sentir el aire. Diecisiete personas que, en medio de la noche, han sabido detenerse.

Ninguno de esos gestos detiene la guerra. Pero empiezan a trazar otra geografía. Porque, como dice Han, "la esperanza nos permite actuar aunque haya cosas que no sepamos. Si lo supiéramos todo, no haría falta confiar". Y esa confianza no es ciega: sabe de la negatividad, de la fatiga, del diseño de guerra. Pero elige, a pesar de todo, el gesto que vincula.

¿Qué es la victoria del bien, si no la certeza de que la guerra no es el único relato posible? No se trata de un triunfo épico sobre el mal —esa es la imaginación del poder. Se trata de algo más humilde y más radical: la persistencia de lo humano en el corazón de la precariedad. La enfermera que comparte la galletita, el conductor que escribe el mensaje, la mano que pega la hoja en la sala de descanso: todos ellos están haciendo algo que el diseño de guerra no puede prever. Están creando grietas por donde vuelve a circular lo que el poder quiere hacer desaparecer: el cuidado, el reconocimiento, la certeza de que no estamos solos.

Han nos recuerda que la esperanza es contraria al miedo y a la angustia; estas "tienen cerradas las puertas al futuro como ámbito de posibilidades, no son previsoras ni tampoco visionarias". En cambio, la esperanza nos da una óptica del futuro, nos abre las puertas a lo que aún no nace, a lo que podría nacer, a lo que aún se está gestando . Es una fuerza que rompe con las cadenas del conformismo y nos invita a explorar horizontes de posibilidad.

No es un salto al vacío ni una espera pasiva de lo inalcanzable; es una forma activa de existencia que otorga dirección y sentido. La esperanza, para Han, no consiste en esperar lo imposible de manera irrealista, sino en abrirse a lo posible desde una mirada audaz que transforma la desesperación en una fuerza de creación.

La victoria del bien, entonces, no es un final. Es un proceso. Es cada minuto que se toma una enfermera, cada conductor que cierra la app, cada hoja pegada en una pared, cada mensaje que encuentra respuesta. Es la deserción del instante que, al multiplicarse, deja de ser fuga y se vuelve territorio compartido. Es la esperanza que, como escribe Han, "nos hace perseverar a pesar de todos los males del mundo".

No sabemos si eso bastará. Pero sabemos que sin eso no hay nada. Y que nombrarlo, escribirlo, compartirlo, es ya una forma de victoria: la guerra no cesa, pero ha perdido el monopolio del sentido. Porque, en palabras de Havel que Han hace suyas, la esperanza es "la certeza de que algo tiene sentido, al margen de cómo salga luego".

Para quien lo necesite, conmemoro ese instante: esa noche de vigilia, esa tarde, ese día, los que siguen y los que vamos a compartir..., porque la esperanza no se tiene a solas.


Referencias

*1 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Trad. Joaquín Chamorro Mielke. Barcelona: Herder, 2024. (Fragmentos citados en FILCO, 2024; Ethic, 2024)

*2 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Herder, 2024, p. 20. (Citado en pastoralsj.org)

*3 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Herder, 2024. (Citado en Nueva Revista, 2024)

*4 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Herder, 2024. (Citado en Psicólogos Online Argentina, 2025)

*5 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Herder, 2024. (Citado en Ethic, 2024, sobre la distinción esperanza/optimismo)

*6 Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Herder, 2024. (Fragmento sobre la crítica a Heidegger y Gabriel Marcel, en Ethic, 2024)


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