LOS DIAS DEL DESGARRO: Crónica del Perverso Polimorfo

 

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy ese río; es un tigre que me destroza, pero yo soy ese tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy ese fuego." Jorge Luis Borges, Nueva refutación del tiempo-
"Hay días que golpean así, con hachas de tiempo podrido, y no sabes si reír o dejar que te partan." César Vallejo, Trilce XXXVI.
 
I. Crónica del Gran Desgarro

Hubo un tiempo—¿o fue un sueño?—en que el día y su contrario danzaban en la misma espiral, entrelazados como amantes en la cama del cosmos. Creíamos en la permanencia de las estelas celestes, en ese andar tranquilo de silencios y risas que rodaban como cascabeles hacia un río de certidumbre. Éramos arqueólogos de lo inmediato, desenterrando imperceptibles alegrías bajo piedras lisas, bebiendo de manantiales que creíamos eternos. La temporalidad era un tejido continuo, una narrativa coherente donde cada gesto encontraba una mirada, cada palabra era escuchada. 
 
Pero los pájaros—siempre los pájaros, esos semiólogos del aire, esos traductores de lo invisible—dieron la señal: vuelos rasantes como advertencias jeroglíficas, vómitos regurgitados sobre la hierba como mensajes cifrados, plumas chamuscadas que se pegaban a los desperdicios en una alegoría brutal de nuestro tiempo. 
 
Un ave cayó perpendicular, flecha rota en el blanco de lo real, y en su caída vertical se quebró no solo su cuerpo sino el eje mismo de nuestro mundo simbólico. Y entonces vimos, con una claridad que quemaba: la esencia de la verdad a nuestros pies era una carcajada violenta, el estilo macabro de un ciclón que llevaba el sello del hombre, la firma indeleble de lo humano corrompido por su propio exceso.

II. El Perverso Polimorfo y su Teatro de Sombras

Este niño tirano que revolea el planeta haciendo caer de la estantería una lata de galletas—¿acaso no es el hijo monstruoso de Cronos, el vástago no deseado pero inevitable de la razón instrumental llevada a su paroxismo? Su berrinche no es simple infantilismo sino la lógica misma del capital tardío: un goce que fragmenta, un deseo que no desea sino su propia reproducción infinita, una máquina de avaricia que devora a todos. 
 
Mientras, nosotros—víctimas y cómplices en igual medida—habitamos lo extra-corpóreo como si fuera un destino ineludible. Lo virtual no es el mero anestésico, es el quirófano donde se practica la lobotomía de la reflexión, donde se extirpa la capacidad de imaginar otros mundos posibles. 
 
Los payasos bien vestidos que gobiernan este circo no son incompetentes: son los sacerdotes perfectos de un ritual donde el sacrificio humano se llama "exterminio" y la culpa se transfiere por repetición, donde la ética se ha convertido en un adorno discursivo, en la ceniza retórica que cubre el horno de la explotación sistemática.

III. Lo Femenino como Pantano y Espejo Roto

Y en este teatro de la crueldad, la "pequeña mentirosa" se corta el pelo—gesto ambiguo donde la mimesis con el agresor se confunde con la insurrección íntima, donde la auto-fragmentación puede leerse tanto como capitulación ante el mandato de la transparencia capitalista como resistencia sutil mediante la apropiación del instrumento de tortura. 
 
Mientras el perverso polimorfo cortajea los cuerpos con la indiferencia de un dios ebrio, ella se fragmenta a sí misma en un pantano de su propia construcción—¿pero acaso no son los pantanos también ecosistemas de una fertilidad terrible, matrices de lo monstruoso y lo sublime? ¿Es lamento o estrategia? Quizás ambos: el silencio como última trinchera desde donde observar la debacle, pero también como espacio de gestación de un lenguaje aún por nacer. 

IV. La Expropiación Fundamental

El gran crimen, el hurto metafísico de nuestra época, no es la desigualdad económica—mero síntoma—sino la expropiación radical del tiempo, ese espacio primordial donde lo humano podría desplegarse en toda su potencialidad. 
 
Nos han robado el tiempo de explorar, de errar, de devenir; nos han entregado en su lugar el cronómetro, -ya no de la productividad sino de la necesidad de resolución inmediata-, la optimización de cada instante. 
 
La "rancia estopa de la razón" yace intacta no por vieja u obsoleta, sino porque el sistema prefiere los gritos fragmentarios: son más fáciles de digerir, de convertir en mercancía, de instrumentalizar en el gran bazar de las identidades. 
 
La lucha ya no es entre diferentes lenguajes sino contra el slogan que ordena: "no aclares que oscurece". 
 
Debemos desobedecer esta consigna del pensamiento único. Aclarar hasta cegar, hasta que la luz sea tan insoportable que queme los ojos de los ídolos. Hacer del lenguaje no un instrumento de comunicación sino un arma que desgarre el velo de esta ficción letal, un bisturí que separe el tejido sano del enfermo en el cuerpo social.

V. Hacia una Insurrección Simbólica

Estamos en el punto crítico donde el síntoma individual deviene diagnóstico colectivo, donde lo personal se revela inexorablemente político. 
 
Este texto no es apocalíptico—es cartografía precisa de la herida, mapeo de las grietas por donde aún puede filtrarse la luz. La insurrección comienza cuando lo femenino deja de ser el espejo roto que refleja pasivamente la locura masculina para convertirse en el cristal multifacético que refracta la luz en mil direcciones inesperadas. 
 
El desafío es monumental: reinventar el deseo, reconstruir el ritmo del tiempo interno, reimaginar lo comunal en el consenso de la palabra. No se trata de nostalgia por un pasado idílico que nunca existió, sino de la construcción tenaz de un futuro donde la vida—en toda su fragilidad gloriosa—valga más que cualquier abstracción económica, donde los cuerpos—en toda su materialidad sufriente y gozante—sean sagrados nuevamente, donde el lenguaje recupere su potencia de mundo-generación.


Comentarios

Entradas populares