LA COMEDIA IMPOSIBLE/POSIBLE EN LA ERA DEL ESPANTAPÁJAROS
LA BUROCRACIA DE LO GROTESCO
Había una función en su vacío: dar miedo a los pájaros, y risa a los humanos. Su autoridad era una parodia admitida. Pero algo se quebró. Ahora el espantapájaros no está disfrazado de humano, sino de administrador y recorre los pasillos del poder diciendo estupideces con una solemnidad tan completa, que ya no causa gracia. Lo grotesco se normaliza, absorbido por el protocolo. Ya no es un chiste; es un procedimiento, una caricatura neutra.
“El cinismo es la falsa conciencia ilustrada... Aquel que sabe que todo es una farsa, pero sigue actuando en ella, posee una estructura de sentimiento que ya no puede ser conmovida por la crítica ideológica.” 1
Este no es síntoma de que el poder sea más ridículo, sino de que ha logrado robarle al ridículo su contraste. Lo que antes se alzaba como figura contra el fondo del mundo, ahora es el fondo mismo. Cuando lo excepcional deviene norma, la mirada se atrofia: no hay dónde clavarla. El espantapájaros ya no es un objeto; es la atmósfera.
El espantapájaros—símbolo del poder vacío, de la autoridad que sólo tiene la forma del miedo—ya ni siquiera cumple su función de ser ridículo. Lo han normalizado. Lo grotesco se ha vuelto administrativo. Y cuando lo grotesco se burocratiza, la risa pierde su blanco.
“La risa carnivalesca... es festiva, es universal (se ríe de todo y de todos), es ambivalente (niega y afirma, entierra y regenera.” 2
No hay ángulo desde donde disparar el dardo del humor, porque el blanco se ha diluido en el paisaje mismo. sacando del país ocupado un informe secreto: el parte de daños de nuestra humanidad... Si nos roban la risa, nos roban el distanciamiento. Nos dejan inmersos en la tragedia, sin el alivio del absurdo compartido.
El poder ya no prohíbe la risa; la vuelve imposible
Si el espantapájaros ya no es figura, sino fondo, es porque el poder ha operado un despojo más profundo que la censura: el robo del contraste. No es que nos quiten la palabra; es que nos quitan la gramática que la hace significar. El contraste es la condición mínima de la percepción: figura/fondo, luz/sombra, dentro/fuera. Es también la condición del sentido: sin diferencia, no hay significación. Robar el contraste es, entonces, anular la posibilidad misma de la ironía, porque la ironía depende de un desfase visible entre lo dicho y lo significado, entre el gesto y su contexto.
El “contraste robado” es la operación final del mito: ya no hay “afuera” desde donde ver la construcción. 3
En la lógica simbólica, podríamos pensarlo con Lacan: lo robado es el objeto a, ese vacío alrededor del cual gira el deseo. 4 No es un objeto, sino el hueco que hace que los objetos se destaquen. El poder contemporáneo no lo persigue; lo rellena, lo satura con una presencia tan plana y omnipresente que anula su función de atracción y de falta. Sin ese vacío, no hay relieve. Sin relieve, no hay deseo. Sin deseo, no hay gesto hacia algo otro. Solo queda la inmersión en una masa indiferenciada.
Así, la imposibilidad de la risa no es anecdótica: es el síntoma de un colapso del espacio simbólico. La crueldad ya no necesita mostrarse como exceso; se administra como norma.
“El arte existe para devolver la sensación de vida, para hacer sensibles las cosas... El procedimiento del arte es el procedimiento del extrañamiento.” 5 El poder del espantapájaros es el anti-arte: anula el extrañamiento, haciendo todo familiar, gris, insensible.
Lo escandaloso se burocratiza, y la mirada crítica—que depende de un afuera desde donde mirar—se queda sin punto de apoyo. Nos volvemos pájaros que ya no distinguen al espantapájaros del trigal.
“La crueldad moderna es adiafórica: convierte a los otros en asuntos moralmente irrelevantes, en ‘no-asuntos’, a través de la distancia burocrática y la abstracción.” 6
INVENTARIO METONÍMICO DEL CONTRASTE ROBADO
(Archivo personal de efectos sustraídos)
Ítem 1: El tiempo de germinación
Descripción: Horas que antes eran un útero húmedo para el pensamiento ocioso, la escritura no utilitaria, la lentitud fecunda.
Confiscación: Convertido en tiempo de trueque. Se vuelve moneda de cambio, lineal, productivo, siempre contado en la palma de otra mano.
Efecto simbólico: Sin tiempo de fermento, no hay intervalo entre el gesto y su interpretación. Se anula la posibilidad del silencio creador, ese fondo contra el que la palabra emerge.
Ítem 2: La risa como artefacto de desobediencia
Descripción: El Humor. No el chiste, sino el guiño de inteligencia compartida que desmonta lo solemne al exponer su absurdo.
Confiscación: No se prohíbe; se vuelve inviable. La crueldad se ha vuelto tan atmosférica, tan normalizada, que ya no hay contraste que active el mecanismo de la ironía.
Efecto simbólico: Sin risa, no hay distancia. Sin distancia, la tragedia deviene inmersión total. Lo grotesco, al volverse administrativo, anula el ángulo desde donde burlarlo.
Ítem 3: La mirada con relieve
Descripción: La visión que distingue figura y fondo, que elige un punto de foco. La mirada que elige qué ver y qué dejar en penumbra.
Confiscación: Sustituida por la visión borrosa (literal y política). Un velo sobre el mundo que aplana los contornos. Todo parece igualmente nítido o igualmente difuso: no hay jerarquía, no hay énfasis.
Efecto simbólico: Sin relieve, no hay perspectiva crítica. Sin perspectiva, no hay posición desde donde resistir.
Ítem 4: El deseo como vacío estructurante
Descripción: El objeto a lacaniano: ese resto inaprensible que hace que el deseo circule, que las cosas destaquen contra el fondo de su propia falta.
Confiscación: El poder lo rellena con saturación constante, con estímulos planos, con respuestas prefabricadas. Ya no hay vacío, hay plenitud gris.
Efecto simbólico: Sin falta, no hay movimiento hacia algo otro. Sin deseo, no hay gesto creativo: sólo reproducción.
Ítem 5: El gesto inútil
Descripción: El acto que no sirve para nada, que no busca eficacia, sólo ser expresión pura: un trazo en el aire, una palabra que no se ofrece al mercado.
Confiscación: Todo gesto es sometido a la lógica del rendimiento, la visibilidad, la monetización. Lo inútil se vuelve sospechoso.
Efecto simbólico: Sin el gesto inútil, no hay estilo. Sin estilo, no hay huella singular. Sin huella, no hay memoria.
POSDATA DEL CONTRABANDISTA:
Este inventario, sin embargo, es en sí mismo un acto de contrabando. Al nombrar lo robado, se lo sustrae de la masa gris. Se le devuelve el contorno, aunque sea el contorno de su ausencia. Cada ítem es una metonimia: no sólo habla del robo, sino que es, en su escritura precisa, el primer movimiento de restitución.
La pregunta que queda suspendida es: ¿podemos reírnos de este inventario? ¿Podemos encontrar un humor que no niegue la confiscación, sino que juegue con sus propios términos? Una risa que no intente recuperar el contraste perdido, sino que se ría desde la niebla misma.
LA CRUELDAD DESNUDA Y LA ABSTRACCIÓN DEL OTRO
“La crueldad se instala cuando convertimos al otro en abstracción.”
La máscara se cayó. Ya no hay mediación retórica que dulcifique el gesto violento; sólo queda la crueldad desnuda, operando con la eficacia fría que le es inherente. Pero esa desnudez no es sinceridad: es el resultado último de un proceso de abstracción. El otro—antes un rostro, una historia, un cuerpo—ha sido reducido a variable en una ecuación política, a obstáculo en un proyecto, a daño colateral en un informe. Se le ha vaciado de espesor humano para poder dañarlo sin que el gesto retorne como pregunta ética.
“Lo igual no duele... La violencia de lo igual no es frontal, sino que aplana y silencia. Ya no hay un afuera, y por tanto, no hay resistencia posible.” 7
Esta abstracción no es solo un mecanismo del poder macropolítico. Es una lógica que se internaliza, un veneno que gotea en lo cotidiano. Nos sucede cuando el cansancio convierte al vecino en un ruido molesto; cuando el miedo transforma al diferente en una amenaza genérica; cuando la prisa nos hace ver a quienes nos sirven o nos cruzan como funciones, no como personas. La crueldad desnuda empieza ahí, en ese pequeño desvío de la mirada que deja de ver al otro para ver sólo su utilidad, su estorbo o su categoría.
El inventario anterior—el tiempo, la risa, la mirada—son síntomas de este proceso. Si el tiempo se convierte en puro trueque, el otro es sólo cliente, jefe, competidor. Si la risa se imposibilita, es porque ya no hay un nosotros concreto con quien compartir el guiño, sólo una masa abstracta de “semejantes” en la que desconfiamos. Si la mirada se veló, es porque hemos perdido la capacidad—o la voluntad—de enfocar el rostro ajeno con claridad.
Nombrar esta ausencia de risa, entonces, es el primer acto de re-humanización. Porque al señalar el mecanismo de la abstracción, estamos haciendo un movimiento contrario: devolviéndole especificidad al malestar. No es “el mundo está mal”, sino: “me han convertido el tiempo en moneda, me han borrado los contornos, me han enseñado a ver a los otros como funciones”. Este nombramiento es un acto de duelo ético. Un duelo por la conexión humana que el poder sistémico—y nuestro propio agotamiento—han erosionado.
Y es aquí, en este punto preciso del duelo reconocido, donde puede asomarse una posibilidad nueva de comedia.
No una comedia que ignore la herida, sino una que hable desde ella. Porque si la crueldad nace de la abstracción, la risa compartida—esa que nace del reconocimiento mutuo de lo absurdo que nos rodea—es un antídoto de presencia.
Reírse con otro, aunque sea de la desgracia, es restituir, por un instante, la concreción del vínculo. Es decir: “Te veo. Estás aquí. Esto también te duele. Y sin embargo, este guiño nos une.”
No se trata de un optimismo ingenuo, sino de un realismo lúcido. La nueva risa—la comedia como acto de resistencia—no nacerá de recuperar un contraste perdido, sino de inventar un contraste nuevo a partir de la aceptación de la niebla. Una risa que no necesita que el espantapájaros sea ridículo, porque puede reírse de la propia mirada que intenta, una y otra vez, distinguirlo en la bruma.
¿Será posible? Este escrito no puede responderlo; sólo puede preparar el terreno. Pero al menos, tras este diagnóstico, ya sabemos de qué está hecha la ausencia. Y al saberlo, dejamos de ser sus agentes pasivos. Nos volvemos, quizás, contrabandistas de un gesto futuro.
EL CONTRABANDO DEL GUIÑO
Entonces, si la tragedia contemporánea es la de la abstracción—la del otro reducido a función, la del tiempo a moneda, la del gesto a utilidad—, la resistencia no puede ser un gran relato heroico. Será, en cambio, un arte de lo mínimo y lo concreto. Un arte del contrabando.
Lo abyecto (lo repelente, lo que perturba la identidad) nos confronta con nuestros límites. La literatura puede ser el lugar donde se habita ese borde.” 8 Nuestra risa desde la niebla” es un gesto similar: tratando de habitar el borde de lo confiscado para restituir un resto de humanidad.
La nueva comedia—si es que ha de nacer—no será frontal. No intentará derrotar al espantapájaros, porque el espantapájaros ya es el paisaje. En cambio, jugará a desviar la lógica del paisaje mismo, introduciendo en su grisura un brillo momentáneo, un cortocircuito de sentido. Será una risa metonímica: no se reirá de algo, sino a partir de algo. Un objeto confiscado—un tiempo robado, una mirada velada—puede, al ser nombrado con precisión irónica, volverse el punto de partida de un guiño compartido.
¿Cómo opera este contrabando?
Desplazando la abstracción hacia la anécdota. En vez de hablar de "la crueldad del sistema", contar la escena del personaje que te niega un papel con la solemnidad de un verdugo barroco. Lo descomunal se hace visible en lo ínfimo y, al hacerlo, se vuelve risible porque se revela su desproporción.
Restituyendo el cuerpo. La risa es un fenómeno corporal: un espasmo, un sonido gutural, una exhalación. En un mundo que nos quiere como mentes abstractas y productivas, reír es reclamar la carne. Es recordar que habitamos un organismo que aún sabe convulsionar ante lo absurdo.
Creando complicidad en la niebla. Ya no se necesita un contraste nítido para reírse; se necesita un guiño entre quienes saben que la niebla existe. Un guiño, una frase colmada de sentido para quien ha leído el mismo inventario de lo robado. Esta complicidad es un acto político mínimo: funda una pequeña comunidad de interpretación en medio del desierto de la abstracción.
QUE EMPIECE LA COMEDIA
Entonces, llegamos al movimiento final: no una conclusión, sino una invocación. Si todo lo anterior fue el mapa del territorio robado, este instante es el primer paso en su contrabando. La teoría ha sido expuesta; el duelo, nombrado. Ahora, el gesto.
La comedia no llegará como un relámpago de euforia. Llegará, tal vez, como un suspiro con los ojos abiertos. Como cuando, tras horas de escribir este diagnóstico desolador, alzás la vista hacia la ventana y ves a un gorrión picotear con furia una migaja invisible en el alféizar. Y ese minúsculo espectáculo absurdo, en lugar de sumirte en la tristeza, te suscita un sonido seco, casi imperceptible: un “ah” de reconocimiento. No es alegría. Es lucidez compartida con nada más que con uno mismo.
Ese es el humus de la nueva risa: la que nace de saber que el espantapájaros es el paisaje, y aun así, elegir a los pájaros.
La resistencia, entonces, no será épica. Será metonímica: un guiño que se desplaza de la herida al gesto, de la confiscación al contrabando. Una complicidad que no necesita explicarse. Un estilo—preciso y desgarrado—que se convierte en la única ceremonia válida frente a lo gris.
¡Es imperativo! ¡Que empiece ya la comedia! ¡No después! ¡Ahora! En el momento en que termines ésta lectura y te sirvas un café, y el vapor empañe el vidrio de tus lentes, y vos, en vez de lamentar la niebla, dibujes con el dedo una sonrisa torcida en el cristal. Un gesto inútil. Un guiño. Un acto mínimo pero permanente, multiplicado, liviano y letal como suele ser la risa.
REFERENCIAS
1 Peter Sloterdijk - Crítica de la razón cínica. Traducción Miguel Ángel Vega Cernuda Ediciones Siruela - Biblioteca de Ensayos - Serie Mayor.
ISBN: 978-84-17996-15-4
2 Mikhail Bakhtin- La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento.Versión de Julio Forcat y César Conroy - Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.ISBN: 84-206-7907-0
3 Rolland Barthes - Mitologías - Trad. Héctor Schmucler - Siglo XXI Editores
ISBN: 968-23-0557-8
4 Jacques Lacan - El Seminario Libro 11- Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis- Traducción Juan Luis Delamont-Mauri y Julieta Sucre. Traducción revisada por Diana Rabinovich autorizada por Jacques Alan Miller. Editorial Paidós-
ISBN: 950-12-3481-0
5 Victor Shklovski - Teoría de la literatura de los formalistas rusos- El arte como artificio (ed. por Tzvetan Todorov
ISBN: 978-84-15555-16-2
6 Zygmunt Bauman - Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
ISBN: 978-950-557-513-8
7 Byung-Chul Han - La expulsión de lo distinto - Herder Editorial. ISBN: 978-84-254-3965-0
8 Julia Kristeva - Poderes de la perversión. Siglo XXI Editores,México. ISBN:978-9682315152



Comentarios
Publicar un comentario